Quién dijo que 20 años no son nada. Pueden ser una vida entera, o muchas si se trata del vino argentino. Porque en estas últimas dos décadas han pasado muchas cosas, y han llevado al vino a ser lo que es hoy en día. Se puede decir que una de las pocas cosas que ha crecido sostenidamente y evolucionado significativamente en la Argentina es la calidad del vino. Todos, desde el más básico y económico hasta el más pretencioso de alta gama. Claro está que el vino y su industria forman parte de un contexto, y sus complicaciones. Pero es indudable que la calidad del vino no se ha detenido en estos últimos años, aunque las bodegas; como cualquier otra empresa; han tenido que sortear infinidad de obstáculos para seguir avanzando. No todos tuvieron el mismo éxito, pero en general se puede afirmar que el vino argentino está en su mejor momento. Porque hoy se pueden disfrutar los mejores blancos, tintos, rosados, espumosos y dulces de la historia, con todo respeto a lo hecho. Ya que sin esa base (pasado), esto (presente) sería inimaginable, y lo que vendría (futuro) sería totalmente incierto.

Entre todas las bodegas referentes del país, hay una que ha sabido acomodarse, subirse al tren de la evolución y ser una de las más pujantes. Sin duda, la familia Zuccardi es una de las que más tracciona; y pensar que no son de las más antiguas (van por la tercera generación cuando otras ya van por la quinta). A la primera le tocó hacer vinos; a la segunda, agregarles valor para venderlos en el mercado interno y comenzar la exportación; y a la tercera, ir más allá.

Lo que ha pasado con los vinos de la flamante bodega Zuccardi Valle de Uco (Piedra Infinita), a cargo de Sebastián Zuccardi en los últimos años, demuestra que van por el camino correcto. Pero en la alta gama suena más fácil diferenciarse, ya que, si un gran vino es la sumatoria de infinitos detalles, y la personalidad única de cada etiqueta parte de un lugar específico, es cuestión de poner foco y dedicación en la viña, y luego vinificar con mucho cuidado para poder embotellar “el mensaje de cada viñedo”.

Pero los enólogos siempre valoran más hacer una gran cantidad de un buen vino que pocas botellas de un gran vino. Porque su misión es aportar felicidad a las personas a partir de lo que hacen, y cuantos más sean, más satisfechos estarán.

Está claro que la mejor calidad (que requiere una inversión diferente que justifica el precio de cada botella) se premia con puntajes más altos. Pero el mejor premio para una bodega es el de los consumidores día a día, con la compra de una botella. Por eso, más allá que el prestigio esté asociado solamente a los vinos top, las grandes bodegas saben que vivieron, viven y vivirán de los “vinos nuestros de cada día”, como decía el gran Miguel Brascó.

Hoy, esos vinos son los que dominan las góndolas, siendo la franja hot; fundamentalmente por lo golpeado que está el poder adquisitivo de los consumidores. Pero no hay que quedarse dormido en los laureles o lamentándose por los rincones; es lo que toca. Y para avanzar hay que ver cómo ofrecer el mejor vino posible.

Eso explica el auge de etiquetas que van de los $250 a los $500, producidas en grandes volúmenes y que invadieron las estanterías. La tecnología, pero fundamentalmente el cambio de mentalidad, hizo posible que hoy este sea el segmento más entretenido del mercado. Porque no solo hay diversidad, sino también mucho valor agregado, sin que ello signifique precios más altos. Sabiendo hoy que la calidad ya no es un diferencial sino una obligación, las bodegas han encontrado muchas otras maneras de diferenciarse con sus vinos masivos, a través de marcas que le hablan a un público en particular, de conceptos de vinos que llaman la atención, de formatos que atraviesan a todo tipo de consumidor, y de filosofías de trabajo que generan empatía y buscan atraer a nuevos paladares.

Más allá de la innovación

Cuando Santa Julia irrumpió en el mercado a fines de los 90´, la palabra clave era “innovación”; referida a las variedades alternativas por las cuales apostaban en aquella época (Tempranillo, Bonarda, Viognier, etc.).

Hoy, si bien la innovación sigue siendo uno de los pilares de la familia, ya no se refiere solo a las variedades sino a las zonas, a los métodos de vinificación, y a los formatos pensados para distintas ocasiones de consumo. Pero no es el único pilar de la bodega que lleva el nombre de la nieta del fundador, ya que la sustentabilidad también es fundamental para ellos. Enamorados de la tierra, y con la plena participación de la tercera generación, el cuidado del medio ambiente se ha vuelto una obligación. Es por ello que, trabajando en equipo y con el compromiso de todos los que conforman esa gran familia llamada Santa Julia, la mayoría de sus viñedos propios de Maipú ya son orgánicos. Pero no solo eso, sino que la sostenibilidad también abarca a la optimización de recursos, cuidando mucho el agua, formando a su gente, creando un vivero propio de donde salen las vides que plantan en sus nuevos viñedos. Y claro está, si no hay negocio, no hay sostén posible. Por eso, también fueron a buscar nuevos viñedos al Valle de Uco, plantados con la misma filosofía, cuidando al medio ambiente y a su gente.

En una recorrida reciente por los viñedos nuevos que ya están en producción y otros que están por plantarse, junto a Edgardo Cónsoli (ingeniero agrónomo) y Rubén Ruffo (enólogo), quedó en evidencia como piensan, donde están parados y hacia donde van. Algo que luego, en la degustación de todos sus vinos, quedó comprobado; porque a las palabras se las puede llevar el viento, pero los vinos quedan.

En La Ribera (Vista Flores, Valle de Uco); una finca con 150ha en producción, y 90 más en plantación, apuestan al Malbec, Cabernet Franc y Chardonnay, pero también a aquellas cepas que les dieron tantas satisfacciones, como Tempranillo, Bonarda, Syrah y Viognier, entre otras. Allí ya realizan distintos tipos de poda, pero siempre tratando de ir a una poda más standard porque son fincas grandes. Los plantines son del vivero propio y con pie americano, y todo lo que ya está en producción está con verdeo entre hileras, defensa de heladas, y maya anti granizo. Se comenzó a plantar en 2009, regando cada parcela en función a sus necesidades. “Esto es la parte media de Vista Flores, pegada al margen de la cara norte del Río Tunuyán (a 400 m del río), justo donde termina el cono y empieza una zona de suelos más profundos. Al Norte se encuentra el Clos de los Siete, y hacia el sur cambia mucho”, explica Edgardo Cónsoli.

Comparando varias calicatas, se puede ver que no hay tanta definición de división de suelos, son muy heterogéneos y profundos, aunque la tienen bien sectorizada por el tema del riego entre solo piedra y arena con diferentes texturas, aunque lo más importante es a qué profundidad está al primer horizonte. En una misma hilera pueden cambiar la densidad de goteo en función a la retención del agua del suelo; a más piedra, más agua. Y si es necesario, se introduce materia orgánica al pie de la planta. “Acá no buscamos elaborar un Fincas (en alusión a Finca Piedra Infinita, Canal Uco y Membrillo), esto es Santa Julia, buscamos lo mejor del Valle de Uco para nuestros distintos niveles de vino, siempre buscando el equilibrio entre calidad y productividad. Por ejemplo, acá nacen los flamantes blends tintos de Tensión y el Chardonnay Alambrado”, cuenta Rubén Ruffo.

Para ellos, el uso de agroquímicos es muy importante, por eso tanto en los viñedos que son orgánicos como en los que son convencionales emplean azufre y sulfato de cobre para las curaciones. Y donde hay algún problema puntual, utilizan otras herramientas, pero siempre productos naturales.

Otra de las características de Santa Julia que evidencia lo comprometidos que están con la tierra es el “Fair Trade”, una certificación internacional que promueve el comercio justo, y que con sus auditorías los ayudó a plantear objetivos de reducción de en el uso de cobre y azufre. Y así, en los últimos años (más allá de las lluvias) las aplicaciones fueron más efectivas, y pudieron reducir la cantidad de kilos por ha.

En medio de dos cuarteles con plantas propias, el ingeniero agrónomo explica el sistema de poda de cordón pitoneado, con sus pros y contras, afirmando que, si se hacen en forma automática se puede incurrir en una desvigorización de las plantas, porque se le dejan más yemas de lo que cada planta necesita, y así se desvigorizan. “La gente le echaba la culpa al sistema y no al balance del sistema. Es importante el equilibrio de la cantidad de yemas”, asegura.

Viñedo experimental

Una de las cosas más valiosas en vitivinicultura es la experiencia, porque permite aprender mucho, sobre todo de los errores. Antes se plantaba precipitadamente, con pie franco en lugares que ya habían sido viñas, o con materiales que funcionaban bien en algún lugar, pero que el tiempo demostró que en otros no.

“Ahora estamos como en la F1, pensando en bajar décimas y no segundos para ganar la carrera. El lugar, la poda, la canopia y el material, todo es importante para la toma de decisiones. Pero lo más importante es tener información, y eso lleva tiempo”, dice Edgardo Cónsoli. Santa Julia posee un viñedo experimental dedicado al Malbec, con veinte materiales diferentes; del Inta, de Mercier, de sus otras fincas y de productores seleccionados. Este año ya vinificaron con estos clones y comprobaron que, a igualdad de condiciones de cosecha y elaboración, hay diferencias. “Ahora hay que empezar a entenderlas”, confiesa Rubén Ruffo, quién está muy entusiasmado con su joven equipo de I + D (investigación y desarrollo). “Cuando sepamos cuales son los mejores empezaremos a hacer más plantas para tener más volumen. Quizás sea una población de los mejores materiales (selección masal) y no un solo clon”, advierte Edgardo Cónsoli.

En Santa Julia se trabaja mucho pensando en el largo plazo, y otro ejemplo contundente es que en su vivero de Santa Rosa ya están reproduciendo plantas libres de virus, algo que normalmente requiere entre 6 y7 años, porque hay que detectar las que no tienen nada, y luego esperar a que salgan bien. Ahí se hace otro análisis (más caro) para determinar si la planta está totalmente limpia. Y de esa sola planta (limpia), se empieza a reproducir el material. Ya poseen casi una hectárea con Malbec, Chardonnay y Cabernet Franc (con pie Polsen), libres de virus.

Vinos para todos y todas

Santa Julia es una de las bodegas que mejor ha interpretado los tiempos que corren, ofreciendo vinos para todos los consumidores y de todas las edades; algo que pocas pueden lograr.

Con la tranquilidad que le da a la familia (Zuccardi) jugar en la alta gama con su otra bodega, han definido un rumbo muy claro para Santa Julia y sus vinos.

Es sabido que en los 80´, agrónomos y enólogos trabajaban en ámbitos separados (viñedo y bodega), y que desde el comienzo del milenio se han convertido en un equipo tan necesario como unido. Pero en Santa Julia están estrenando una nueva forma de trabajo que involucra a todas las áreas de la bodega, y que les está dando muy buenos resultados. “Se trata de los wine storming, algo así como los brain storming que se hacen en marketing y publicidad, pero alrededor del vino. Formamos un grupo multi tareas con los enólogos y agrónomos, al que sumamos gente de comercial y marketing, para probar vinos del mundo (50/60) con una propuesta de trabajo definida, y un objetivo pre establecido, donde todos pueden opinar en libertad. Y así salieron cosas muy interesantes, como la línea Tensión, por ejemplo”, relata Juani Guzmán, director de marketing de la bodega, y miembro de la tercera generación, ya que es el marido de Julia (la santa de la familia).

El enólogo afirma que siempre concibieron el Santa Julia Rosé con uvas cosechadas para tal fin, y sin recurrir a sangrías. “Está bien que aparezcan vinos rosados de alta gama y con botellas elegantes para que llamen la atención. Pero luego el vino debe hacer lo suyo. Para nosotros lo mejor son los rosados accesibles y bien logrados, para que la gente los adopte fácilmente”, dice Rubén Ruffo.

Para el Malbec, que es uno de los proyectos más grandes de la bodega, piensan en el concepto Mendoza, y en hacer un vino muy tomable, con fruta fresca y sin maceración carbónica, pero con la ayuda de la tecnología, y un leve aporte de madera para que lo sostenga por más tiempo. El enólogo defiende el chip de madera, porque si bien hay un rango de chip muy amargo, ellos utilizan uno premium y en base a una mezcla propia de maderas; 1/3 sin tostar. Así logran elaborar tres millones de litros (con uvas de Santa Rosa básicamente, y algo de Ugarteche, Medrano, Maipú y Barrancas) de un vino en el cuál ya habían podido reflejar el carácter de la fruta, y ahora le sumaron texturas.

En 2018 solo se vendieron en el mercado interno solo 8000 botellas del Santa Julia Orgánica Malbec, una línea más amplia y exitosa en los Estados Unidos desde hace algunos años. “Y si bien hoy no hay tanta venta, hay ruido y marca tendencia, resaltando nuestra filosofía de sustentabilidad”, afirma Guzmán.

Además de utilizar en su mayoría uvas de viñedos propios certificados, hacen un análisis de todos los productores para verificar el no uso de herbicidas ni agroquímicos.

Saben muy bien que el comienzo de los orgánicos nacionales no estuvo bien parido, y que desde allí va a ser más difícil construir una buena imagen, pero desde lo sustentable es más fácil y más abarcativo. Para ellos no es un discurso, y son conscientes de la necesidad de cuidar la palabra sustentabilidad para que no se convierta solo un mensaje cool y de moda.

“No nos da lo mismo” (https://nonosdalomismo.com/), no es solo una nueva campaña de Santa Julia, sino una filosofía de la familia aplicada a la marca. “Los que trabajamos con José Alberto Zuccardi y Sebastián Zuccardi sabemos que ninguna decisión está tomada al azar, porque nada da lo mismo”, asegura Juani Guzmán.

A partir de un trabajo integral y de equipo, surgieron en 2018 los componentes que darían vida a los bi-varietales de Tensión. Vinos modernos, con un estilo propio y un toque de madera (duelas y algo de barricas), también jugosos, con frescura y fruta, más cerca de Santa Julia Reserva que de Alambrado en cuestión de estilo. Acá hay un concepto interesante que nace desde el nombre, y que en los vinos se hace sentir, con la madera muy bien integrada. El blanco es el más moderno y serio (el Semillón le baja el ímpetu al Chardonnay), con cierta cremosidad. El Malbec -Petit Verdot (que no pasa del 10%), es expresivo y sin tanta sucrosidad del Malbec, con buenos taninos, y una fruta más negra, genera algo distinto. Y en el tercero, los dos Cabernet van para el mismo lado, con la textura como protagonista, más que la expresión de las uvas. El gran desafío de esta nueva línea es atraer (y captar) nuevos consumidores, mientras que con Santa Julia Reserva y Alambrado el público al cual apuntan está más definido. “El encanto de ser enólogo es la búsqueda permanente con libertad. Probar y encontrar cosas nuevas”, dice Rubén Ruffo, despegándose bien de lo que sus colegas del Viejo Mundo pueden hacer.

Pero las novedades de la casa no terminan acá, porque se suman un tinto y un blanco que ya están dando mucho que hablar. El Flores Negras; un Pinot Noir que nació en 2018 y que la 2019 llegará con más frescura y tensión. Y el Flores Blancas, un Viognier con todas las letras, profundo, con carácter, gracia y todo lo bueno de su tipicidad. “Dan ganas de seguir escalando”, cuenta el enólogo, que lo trató en bodega con todos los cuidados de un Chardonnay de alta gama. Al tiempo que se entusiasma con un parral viejo (35 años) de un Chenin en La Ribera, con el que se pueden hacer cosas muy interesantes, según el hacedor.

El Nacional y El Burro, son sin dudas dos nuevos vinos hijos del intercambio sectorial y generacional. El primero es un Semillón con Torrontés y un toque de azúcar residual, concebido para entrar en ese rango donde es más difícil penetrar con el vino.

Mientras que el Burro Orgánico Malbec (etiqueta y marca inspirada en la obra del artista mendocino Emiliano Pierro), es un tinto para el mercado interno, algo concentrado y con el foco más puesto en lo orgánico que en la varietalidad, resaltando lo natural a partir de sus texturas y su expresión rústica.

La mujer de Rubén Ruffo (enólogo de Santa Julia) no tomaba vino, hasta apareció el Chenin Dulce Natural, aunque hoy ya se anima a tomar otras cosas. Pero su hija no tiene un pre concepto, y entró al mundo del vino por otro lado, asegura. Esto demuestra que el mercado (público) se renueva constantemente.

El Tintillo; nacido en 2016; es quizás el vino que más ha sacudido la estantería en esa franja tan competitiva. No solo por su relación calidad precio o su etiqueta o su tapa a rosca, sino más bien por su concepto y estilo. Un tinto que invita a servirse bien frío, y que lejos de perder balance, gana atributos. Para el 2019, Ruffo buscó darle más solidez para que perdure un poco más. Porque si bien el primero tuvo buena incorporación, su rotación fue más leve. Y si bien el 2016 voló en el mercado externo, acá costó un poco más, aunque le permitió a la marca entrar en Carne, Faena, y Siamo nel Forno, entre otros restaurantes exclusivos. Y más allá de las presiones comerciales para lograr los volúmenes necesarios, es un proyecto a largo plazo en el cuál defienden el concepto por sobre el crecimiento del volumen, estando en pocos lugares, pero elegidos.

Para Rubén Ruffo, este y varios de sus vinos no juegan el partido del volumen. Al Tintillo lo ve como un vino solido que siempre lo tiene a mano en la heladera de su casa, y lo saca a relucir con muchos de sus colegas. “Esta sí es la puerta de entrada al vino”, asegura.

El Malbec del Mercado fue otro acierto de la bodega, ya que, si bien no es orgánico sí es sustentable, y va del viñedo directo al consumidor. Un Malbec puro del Valle de Uco, joven, fresco y sin madera.

Para fortalecer la marca Santa Julia en un segmento tan competitivo, Juani Guzmán sostiene que deben apostar a especialidades y rarezas, y no “mal vender” cantidad de botellas.

Pero más allá de las rarezas, lo que hizo y hace grande a Santa Julia son sus vinos de línea, y los varietales Reserva vienen evolucionando al ritmo de su crecimiento.

Siempre con más concentración y cuerpo, con una fruta más consistente, y la madera bien integrada (duelas y barricas), que se nota claramente el escalón entre estos y los Santa Julia varietales. Y si bien también se trata de un rango de vinos de volumen (solo del Reserva Malbec se hacen 1 millón de litros), se puede trabajar y hacer cosas. Mientras en el nivel varietal cuesta conseguir tanta uva, en el Reserva se pueden elegir lotes y elegir maderas, para hacer un trabajo más fino.

En estos días, todo el equipo se tomará dos días para analizar qué de la cosecha 2019 va a madera y qué no. “Son decisiones muy importantes porque es la base de todo”.

Cabe destacar que entre tantos varietales emerge un blend, el Malbec-Cabernet Franc, que nació para los Estados Unidos como un “Mountain Blend”; el Cabernet Franc le agrega un toque de gracia diferente al Malbec, es otro condimento, según el enólogo.

“La base de los Cabernet Franc plantados en La Ribera no son muy herbales, pero no se trata de los clones para definir ese carácter sino el lugar y la fecha de cosecha. Acá hay que estar muy atentos porque como los suelos son cortos, las ventanas de cosecha se achican”, advierte Edgardo Cónsoli.

“Cuando degustamos el nivel Reserva, ya los tenemos identificados desde la viña, porque el estilo está bien definido.

Con Alambrado, el objetivo es lograr una línea de vinos más tensos y modernos, mientras que los Santa Julia son más clásicos; siempre dentro del modernismo.

“Hay algunos viñedos que van para Alambrado, incluso algunos cuarteles, y luego se confirma todo por degustación”, cuenta el ingeniero agrónomo.

“Mientras en Alambrado busco más la fruta de la uva, en los Reserva juego más con la tecnología para lograr otros aromas, los de fruta pero más golosa. Acá en Alambrado hay menos intervención, y eso marca la diferencia”, asegura el enólogo.

La idea de esta línea es ser un rango alternativo a Santa Julia Reserva para restaurantes, pero con un estilo propio.

También hay una alta gama en Santa Julia, aunque no sea tan pretenciosa en precios, con los Magna y el Gran Alambrado.

El pasado 24 de octubre en La Casa San José de la Ciudad de Buenos Aires, casi 500 personas pudieron vivir una tarde de vinos única, al mejor estilo Santa Julia, y probar todas las novedades de la bodega. Muchos vinos, los conocidos de siempre que van ganando consistencia, y las nuevas propuestas que prometen cumplir con sus objetivos. Mientras tanto los consumidores, actuales y potenciales, tienen muchas etiquetas para descubrir y disfrutar, a precios muy accesibles. Con concepto y contenido, propios de los grandes vinos, y reflejo del trabajo de un gran equipo y una gran familia que está detrás de cada detalle, con la intención que cada vez más personas puedan disfrutar un vino de Santa Julia.

Degustación vinos de Santa Julia

Santa Julia Rosé 2019

Bodega Santa Julia, Mendoza, $230

Si bien siempre estuvo pensado desde la viña, la evolución en el manejo de los viñedos se nota en este rosado. De aspecto tenue y brillante, muy atractivo. Aromas frutales, buena vivacidad y un carácter de fruta roja agradable, que invita a tomarlo muy seguido. Incluso tiene buena estructura para llevar a la mesa.

Puntos: 88,5

Santa Julia Malbec 2019

Bodega Santa Julia, Maipú, Mendoza, $215

Tinto de aromas limpios y frutales, de buen volumen, con buena fruta roja y un leve dejo tostado. Y si bien su paso es amable, posee cierto agarre que lo hace mordiente, y un leve dejo herbal que refresca el final de boca.

Puntos: 88,5

Santa Julia Orgánica Chardonnay 2019 (solo mercado externo)

Bodega Santa Julia, Mendoza, $275

De aromas sutiles a frutas blancas que se asocian con el cepaje. De paladar franco y fresco, también limpio y mordiente, con cierta fuerza, aunque no muy profundo. Bien logrado y con texturas incipientes.

Puntos: 88

Santa Julia Orgánica Malbec 2019

Bodega Santa Julia, Mendoza, $275

Es el único que se comercializa en la Argentina (por ahora). De aromas bien frutales con leves dejos tostados, especiados y leves notas vegetales que sobresalen. De trago limpio y final mordiente. Y si bien presenta más concentración que su compañero varietal su carácter no es tan armónico.

Puntos: 87

Santa Julia Orgánica Cabernet Sauvignon 2019 (solo mercado externo)

Bodega Santa Julia, Mendoza, $275

Aromas apoyados en la fruta, con paladar franco y con cierta concentración. Los taninos hablan de la tipicidad varietal, aunque a su carácter le falta un poco más de fuerza. No obstante, su trago es fresco y vibrante.

Puntos: 87

Santa Julia Reserva Chardonnay 2019

Bodega Santa Julia, Valle de Uco, Mendoza, $320

De aromas equilibrados, con buen cuerpo y una frescura vivaz que habla de una gran acidez natural (7,3 gr/l). De trago limpio y bien apoyado en las frutas blancas como ananá; que son típicas del cepaje; y sobre todo en su paso bien refrescante.

Puntos: 88,5

Santa Julia Reserva Malbec 2018

Bodega Santa Julia, Valle de Uco, Mendoza, $320

Malbec de aromas limpios y frutales, con buen cuerpo y paso mordiente. Algo concentrado, con buen volumen y frescura vivaz, con algo herbal seco, taninos incipientes, y apenas un leve tostado final.

Puntos: 89

Santa Julia Reserva Cabernet Sauvignon 2018

Bodega Santa Julia, Valle de Uco, Mendoza, $320

De aromas austeros, con buena fluidez y taninos incipientes. No es profundo y tampoco tan carnoso como el Malbec, pero ostenta muy buena frescura, y un leve final que remite a especias secas que hablan del cepaje. Tanto como su paso mordiente y granuloso.

Puntos: 88

Santa Julia Reserva Malbec-Cabernet Franc 2018

Bodega Santa Julia, Valle de Uco, Mendoza, $320

Blend70/30 que busca mostrar el espíritu de los vinos de montaña. De aromas austeros, con buena tensión y agarre de texturas granuladas. Trago fresco y frutal, con dejos herbales, y un buen equilibrio entre fluidez y concentración, con taninos incipientes.

Puntos: 89,5

Alambrado Chardonnay 2019

Bodega Santa Julia, Valle de Uco, Mendoza, $360

De aromas intensos y expresivos, con leve aguja que resalta su paso vivaz, bien apoyado en las frutas blanca y tropicales. De paladar franco y refrescante, también limpio y tenso. Se nota que es un blanco moderno y fresco, con algo de potencia.

Puntos: 88,5

Alambrado Malbec 2018

Bodega Santa Julia, Valle de Uco, Mendoza, $360

Sus aromas son frutales, pero no tan evidentes, más allá que se notan bien de frutas rojas y algo de negras. Con buena fluidez y taninos incipientes, más vertical que el Santa Julia Reserva, con un carácter más herbal y un final matizado por sus taninos finos pero firmes.

Puntos: 89

Alambrado Cabernet Sauvignon 2018

Bodega Santa Julia, Valle de Uco, Mendoza, $360

De aromas austeros, con buen cuerpo y taninos incipientes que se asocian al cepaje. Un carácter maduro y especiado, con dejos de frutas pasas y los taninos que sobresalen en su final no tan profundo.

Puntos: 87,5

Santa Julia Magna 2017

Bodega Santa Julia, Valle de Uco, Mendoza, $460

El top de la bodega es un blend de Cabernet Sauvignon (50%), Malbec y Syrah, todas uvas del Valle de Uco. Sus aromas son classy, con buena madurez de fruta y cierta frescura. Paladar consistente, con las piracina del Cabernet que se hacen sentir. Algo concentrado, con leves dejos herbales.

Puntos: 89

Tensión La Ribera Chardonnay-Semillón 2017

Bodega Santa Julia, Mendoza, $385

Mantiene sus aromas frutales y ha desarrollado toques cremosos con los meses en botella. Paladar con leve aguja y de buen volumen, tenso, pero no profundo. No tan voluptuoso como el Alambrado, pero si más moderno. Mantiene el agarre y la misma tensión desde su llegada al mercado a mediados de año.

Puntos: 88,5

Tensión La Ribera Malbec-Petit Verdot 2017

Bodega Santa Julia, Mendoza, $385

Aromas de buena fruta negra, paladar franco y fresco, con agarre y dejos herbales. Una muy buena expresión, mucho más notoria en boca que en nariz, con buen balance de texturas y cuerpo, y una agradable profundidad herbal. Ideal para la mesa acompañando carnes asadas.

Puntos: 89,5

Tensión La Ribera Cabernet Sauvignon-Cabernet Franc 2017

Bodega Santa Julia, Mendoza, $385

Si bien sus aromas austeros, en boca se abre y ofreciendo un paladar expresivo en el que se notan los dejos herbales de ambos Cabernet. Con fluidez y frescura, hay tensión, con taninos incipientes y una agradable profundidad apoyada más en las texturas que en el carácter frutal.

Puntos: 89

Flores Blancas Viognier 2019

Bodega Santa Julia, Valle de Uco, Mendoza, $400

En este flamante vino se nota muy bien el conocimiento en el manejo del cepaje por parte del enólogo. De aromas frescos, con dejos de tipicidad. Hay algo de aguja, con buen volumen, paladar franco y fresco, con agarre y un muy buen carácter varietal. Profundo, con fuerza y un final a pura fruta (duraznos, damascos, con algo floral).

Puntos: 90

Flores Negras Pinot Noir 2019

Bodega Santa Julia, Valle de Uco, Mendoza, $400

Su aspecto es ideal pero sus aromas poco expresivos, y predominan los dejos especiados. De buena textura y trago refrescante, pero sin fuerza frutal. Es interesante como se lograron sus texturas y como se mantienen equilibradas hasta el final de cada trago.

Puntos: 88

Nacional Semillón-Torrontés 2019

Bodega Santa Julia, Mendoza, $400

Salen este año, y la idea en el futuro es que sea más Semillón. De aromas frescos y perfumados que hablan más del Torrontés. De trago refrescante y floral, con tensión, final limpio y algo alimonado.

Puntos: 88

El Burro Orgánico Malbec 2019

Bodega Santa Julia, Mendoza, $650

Novedad exclusiva para el mercado interno, y con una etiqueta que dará que hablar. De agradables aromas directos, bien de Malbec. Paladar fresco y fluido, con algo de concentración. En boca, sobresale algo vegetal seco en su carácter que resalta sus texturas incipientes.

Puntos: 88

Tintillo 2019

Bodega Santa Julia, Mendoza, $345

A partir de una maceración 100% carbónica de Malbec y Bonarda, Rubén Ruffo ha logrado un tinto revolucionario, y que se disfruta más servido frío. De aromas expresivos, con buen volumen, paladar franco y jugoso, con frutas negras y dejos herbales.

Puntos: 88,5

Malbec del Mercado 2019

Bodega Santa Julia, Valle de Uco, Mendoza, $390

A partir de un concepto novedoso, nació este Malbec, de aromas compactos y trago firme. Fresco y concentrado, con un carácter poco expresivo y más apoyado en el costado vegetal del cepaje. Con buen agarre y paso granuloso.

Puntos: 87,5

Sobre El Autor

Hace 22 años degusté un vino por primera vez y supe que querría hacer de mi vida profesional. Compartir mi pasión; por eso me dediqué a comunicar el vino. Más de 30.000 vinos degustados y 20.000 publicados, más de 100 revistas editadas y miles de notas. Siete años en TV, cuatro en radio y seis en la web. Más de 20 exposiciones de vino organizadas y más de 30 concursos internacionales como jurado, además de muchos viajes a zonas vitivinícolas del mundo. Todo esto, simplemente me ayuda a conocer más, para poder compartirlo mejor.