No es la primera que me toca hacer. Recuerdo una emblemática en Paris a la cual fui invitado como representante de la prensa especializada argentina, ya que era un vino nacional creado por franceses, y que estaba haciendo mucho ruido en el mundo.
El Clos nació en 2002, aunque en realidad se puede decir que fue la verdadera excusa de Michel Rolland para dar inicio a todo el proyecto, allá por el año 1998. Cuando junto a su amigo y colega Jean Michel Arcaute, estaba en busca de un terruño para afincarse por primera fuera de su Francia natal. El destino los cruzó con un campo de 850 hectáreas, casi tan grande como Pomerol, donde Michel hizo sus primeros pasos en el mundo del vino en la bodega familiar Le Bon Pasteur.
Los cambios de planes fueron adaptados rápidamente por el flying winemaker a semejante porción de tierra. Sólo necesitaba reunir a un grupo de amigos que lo acompañaran en su nueva locura, y crear un vino al cual todos aporten y pueda asegurar el futuro del proyecto. Ese es el Clos de los Siete. Un vino concebido por una persona, pero elaborado por varias, ya que las cuatro bodegas que conviven en el Clos (Monteviejo, Cuvelier Los Andes, Diamandes y Rolland) deben ceder un porcentaje de uvas propias todos los años, espacio en bodega y know how de sus enólogos para dar vida a este tinto.
Es decir que el Clos de los Siete, que empezó con 200.000 botellas en 2002 y bajo la mano de Marcelo Pelleriti de Monteviejo (porque era la única bodega en el campo), llegó a 800.000 en los mejores años. Siendo el tope objetivo 1 millón de botellas y no más, porque siempre se hace y hará con uvas propias. La naturaleza y sus malas pasadas pueden jugarle en contra y recortarlo a 500.000 botellas en 2011, por ejemplo, a causa de un granizo terrible que sacudió a casi todos los socios del Clos. Hoy, la 2013 es la cosecha que está en el mercado, pero la 2014 ya está esperando en la gatera, mientras que la 2015 está a punto de fraccionarse.
Como explica Ramiro Barrios, flamante gerente de la casa y que llegó para reemplazar a Carlos Tizio quien emigró como presidente del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), Michel siempre elige el corte del Clos de los Siete a ciegas. Esto significa que si bien la proporción mayoritaria de Malbec siempre se mantiene y respeta, no sólo por ser el sello distintivo de los vinos argentinos, sino también por ser la uva más plantada en el campo. Luego aparecen el Merlot y el Cabernet Sauvignon, dos cepajes también bordeleses y que suele compartir cierto protagonismo en el assemblage. El Syrah siempre está, aportando carácter y especias, y recientemente se incorporaron el Petit Verdot, primero, y el Cabernet Franc después. Se arman los cortes propuestos por los enólogos locales Marcelo Pelleriti (Monteviejo), Adrián Manchón (Cuvelier), Federico Bisotto (Diamandes) y Rodolfo Vallebella (Rolland), y Michel degusta a ciegas y sin tener idea de la composición de cada botella para definir como será el Clos de cada año.
Esta vez la cata incluyó desde el 2003 hasta la cosecha actual de mercado, la 2013 ($218). El Clos Siempre intentó ser un vino que a nivel global llegue al público en 20 dólares, aproximadamente. Y esto lo transformó en el vino argentino de ese precio más exportado, ya que del total producido, sólo 180.000 botellas quedan en el país. La 2002 ya está agotada, pero la 2003 demuestra lo que Michel Rolland viene sosteniendo desde que empezó con este proyecto. Que el Clos de los Siete es un vino que puede evolucionar bien por 8 o 10 años. Uno de los motivos de la cata fue elegir tres vinos para mostrarles a 350 sommeliers de todo el mundo que están al llegar con motivo del Mundial de Sommeliers Argentina 2016.
Michel sigue sosteniendo que ningún país creció tanto vínicamente como la Argentina en los últimos quince años. Y eso se nota con este vino como testigo. Porque cuando irrumpió el Clos de los Siete 2002 hacia fines de 2003, causó un verdadero revuelo. Rápidamente se posicionó tanto local como globalmente. Pero hoy, el Clos tiene mucha más competencia interna. Y si bien eso no le quita méritos, lo obliga todo el tiempo a demostrar sus dotes.
Otras de las cosas que logró el enólogo más famoso del mundo fue tener un vino en el que las cosechas hablaran. Porque si bien se trata de un terruño nuevo (Vista Flores), el vino mantiene una consistencia conceptual y lo demuestra en cada botella, más allá de la influencia del tiempo. Es decir que si la 2013 fue más fresca, la 2012 bien cálida y la 2011 similar climáticamente a la 2006, los vinos lo expresan. Y otra cosa que es clave para entender a este vino, al memos para mi, es que posee un paladar vibrante cuando sale al mercado y que luego de un par de años lo pierde. Esa gracia es la que lo diferencia de muchos otros vinos que le compiten. Por eso, el 2013 para mi no es el mejor Clos lanzado, ya que recuerdo haber otorgado 89,90 y hasta 91 puntos a vinos como el 2011, 2010 y 2006. Sin embargo, en la degustación vertical fue el que mejor se mostró, justamente porque es un tinto que está pensado para ser disfrutado joven, pero que evidentemente tiene muchos atributos para olvidarse algunas botellas en la cava.
El Clos es definitivamente un vino internacionalmente argentino, que tiene punch y que perdura en botella, y que además es un fiel reflejo de la evolución moderna del vino nacional. Representante de un grupo de bodegas, de un terruño, y de un equipo de enólogos. Su función no es elevar la vara ni del vino argentino ni de los otros vinos que elaboran las bodegas en el Clos, sino abrir caminos y hacer llegar el mensaje del nuevo vino argentino; algo que ha logrado con creces. Y yo me pregunto, qué otro vino nacional ha logrado tanto.
Siete vinos para entender al Clos de los Siete
(Degustación vertical por orden de preferencia)
1) Clos de los Siete 2013 (cosecha actual)
Aromas modernos con cierto carácter de fruta negra. Buena frescura y cierta carnosidad, con taninos algo firmes, franco, joven, con vivacidad y cierto vigor. Tiene fluidez y no es tan profundo. Su final es algo compacto, necesita más tiempo en botella para acomodar sus componentes ya que tiene mas para dar. Beber entre 2016 y 2018.
2) Clos de los Siete 2011
Aromas poco expresivos y algo compacto con ciertos dejos lácticos. Buen músculo, algo concertado, con taninos incipientes y algo firmes pero sin molestar. Buen músculo y mucha frescura, con el carácter del Valle de Uco. Hay potencia bien equilibrada con algo herbal y una profundidad interesante y bien frutal. De paso fluido pero consistente. Beber entre 2016 y 2020.
3) Clos de los Siete 2006
De aromas integrados, con ciertos dejos de evolución. Paladar poco profundo y algo compacto en su carácter. Se notan sus diez años pero tiene una textura incipiente y mucha fuerza aun la fruta, que convive con los ahumados de la crianza. Beber entre 2016 y 2018.
4) Clos de los Siete 2009
Posee aromas de buena intensidad, compactos y poco profundos. En boca es delicado, fresco y equilibrado, pero sin tanto carácter. De buen músculo y taninos incipientes, y un final maduro matizado por las notas de crianza. Beber.
5) Clos de los Siete 2003
Aromas con cierto carácter, y leves notas vegetales frescas por sobre la fruta, viva pero madura. De buen músculo, prevalece lo vegetal y la acidez algo mas marcada, con cuerpo y taninos algo más firmes y sin tanta profundidad. Se mantiene concentrado con fluidez y cierta calidez en su expresión. Beber entre 2016 y 2018.
6) Clos de los Siete 2012
De aromas frutales no muy expresivos. Bien fluido y sin su carácter definido. Sobresalen taninos algo firmes, hay especias y un final más maduro, pero sin la carnosidad suficiente. Es fresco, mordiente y lo herbal sale al final. SU mejor momento ya pasó su momento. Beber.
7) Clos de los Siete 2010
Ágil y con cierta madurez, pero también fresco. Paladar especiado, algo fluido y con taninos incipientes. Poco profundo, y se siente la madurez de fruta con las notas de roble. De trago moderno y vivaz pero sin ese toque de gracia que tanto lo diferencia. Beber.
Por las dudas, mi sugerencia para los sommeliers internacionales fue:
Una cosecha fundacional, para que entiendan como nace la idea (2003)
Una cosecha de quiebre, cuando los enólogos nuestros empezaron a creer más en sí mismos, más alá de las condiciones climáticas (2006).
Una cosecha actual, que muestre cómo está el vino cuando sale al mercado para que quede bien claro cual es su mensaje al mundo (2013).
Estimado fabricio: una sola vez tuve la dicha de beber un clos de los siete; pero fue inolvidable. Halla por noviembre del 2010, era cosecha 2006 y estaba pasando por un gran momento, un gran blen q demuestra la mano de M.R. espero en breve poder toparme con otra añada de este gran vino.
Hola Fabricio : por suerte vengo tomando “el Clos” desde la guía
“1000 Vinos Argentinos (2005) Brascó-Cuccorese-Checa” y luego
seguí -obviamente- con el “Anuario Brascó/Portelli 2007-2008″…
Para ir por el camino más corto: el primero fue 2003 y el
último 2011 (creo) – Ahora le tengo echao el ojo a un 2013,
que hoy mismito me voy a ir comprando pa’ que repose,
hasta entrada la Primavera, por lo menos…
Te dejo un abrazo y gracias por tus excelentes notas que en
definitiva, son siempre buenos consejos.-
Estimado Fabricio, sabes que te sigo por aca, en la twitter y en facebook y no puedo dejar de leer tus notas, no puedo ver Lado V porque soy del interior pero los veo en internet. Tengo muchos vinos por consejo tuyo, tengo un Clos 2012 y un Clos 2011 iba a tomar el 2011 primero pero leyendo esta nota veo que debo tomar este año el 2012 y el proximo año puedo tomar el 2011. Gracias un fuerte abrazo